jueves, 18 de mayo de 2017

. Pentecostés

 Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos en un mismo lugar. 
 De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso que llenó toda la casa donde estaban sentados, 
 y se les aparecieron lenguas como de fuego que, repartiéndose, se posaron sobre cada uno de ellos. 

Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba habilidad para expresarse. 
 Y había judíos que moraban en Jerusalén, hombres piadosos, procedentes de todas las naciones bajo el cielo. 
 Y al ocurrir este estruendo, la multitud se juntó; y estaban desconcertados porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. 


Y estaban asombrados y se maravillaban, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que están hablando? 
 ¿Cómo es que cada uno de nosotros les oímos hablar en nuestra lengua en la que hemos nacido? 

 Partos, medos y elamitas, habitantes de Mesopotamia, 
de Judea y 
de Capadocia, del Ponto y de Asia,
 de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia alrededor de Cirene, viajeros de Roma, tanto judíos como prosélitos , 
cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestros idiomas de las maravillas de Dios. 



Todos estaban asombrados y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto?
 Pero otros se burlaban y decían: Están borrachos.

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